Desde la grada
Cuando Jean Carlos Machado completó su décimo turno al bate con ocho hits en el partido, quedó claro que no era una victoria cualquiera: era el instante en que el deporte cubano grababa nuevas coordenadas en el mapa olímpico. Este martes, en el debut del béisbol 5 como disciplina olímpica en los Juegos de la Juventud de Dakar, Cuba venció 2-0 (2-1, 7-1) a China Taipéi y se llevó el primer oro histórico del evento, además del primer título dorado de la delegación antillana en estas justas.
Si uno mira solo los resultados de la fase de grupos, quizá se preocupe por este equipo. Pocos días antes, también frente a China Taipéi, Cuba había caído 3-5 y 4-5, una derrota rara en su historial juvenil en béisbol 5. Pero la estirpe de campeón se revela en los momentos claves.
El desarrollo de la final fue la mejor prueba de esa capacidad de ajuste. En el primer set, ambos equipos se enredaron en un duelo cerrado; Cuba solo aprovechó su oportunidad en el tercer inning, con tres hits y un error rival, para anotar dos carreras y ganar 2-1. En ese parcial, la defensa cubana fue casi perfecta, sin un solo tiro de más, ejecutando al pie de la letra el plan del mánager Sergio Arturo Pérez: forzar outs y controlar el rebote del balón en la malla. En el segundo set, el partido se convirtió en un monólogo cubano: cinco carreras en el primer inning quebraron la resistencia sicológica del rival, y luego sentenciaron 7-1.
Si este equipo es una de las generaciones doradas del béisbol 5 cubano, el antesalista Jean Carlos Machado es sin dudasel filo de esahoja. Terminó con ocho hits en diez turnos, cifras sobrenaturales. Junto a sus compañeros ha probado que todo el esfuerzo en los entrenamientos a pesar de las adversidades ha dado sus frutos.
Ese espíritu de sacrificio atravesó toda la campaña cubana en Dakar. Desde los triunfos en fase de grupos ante Türkiye y el anfitrión Senegal, hasta las blanqueadas en eliminatorias frente a Francia y Kenia (14-7 y 11-1 en semifinales), Cuba mostró un dominio absoluto en la disciplina. Como campeones mundiales en categoría absoluta y juvenil, los cubanos ratificaron con este título su posición histórica en la nueva era olímpica: son los primeros campeones olímpicos de béisbol 5.
Al ver a estos muchachos de menos de 18 años correr y gritar sin descanso, es difícil no contagiarse de esa pasión pura. El béisbol 5 no necesita estadios gigantes ni equipamiento costoso: solo un terreno plano, una pelota de goma y cinco corazones con ganas de ganar. Cuba demostró al mundo que, en este nuevo deporte olímpico que premia velocidad, agilidad e inteligencia, los genes del béisbol caribeño conservan una vitalidad enorme.
Para el deporte cubano, este oro es un punto final que los corona como los máximos referentes de este deporte en todas sus formas y categorías; y sobre todo un signo de exclamación que abre una infinita esperanza hacia el futuro escenario olímpico.