Aturdido por los descalabros bélicos en una guerra a punto de cumplir un mes, sin un desenlace favorable, el presidente de la nación más poderosa del mundo actúa como animal enjaulado en busca de una vía de escape.
Por un lado, se vanagloria de haber destruido todo el poder aéreo, de defensa antiaérea, la flota naval, radares e infraestructura energética clave de Irán, pero desde el Pentágono dicen que al menos 1000 soldados estadounidenses se desplegarán en Oriente Medio, nuevas opciones para intensificar la guerra. Manden más, que estamos ganando.
La decisión comprueba el fracaso ante una nación de 95 millones de habitantes que se mantiene firme después de sufrir más de 2 000 muertos y una cifra mayor de heridos, pérdidas humas terribles, mientras su liderazgo —que intentaron descabezar, como vía rápida para la rendición—, sufrió ciertamente un golpe severo, pero se renovó de inmediato y al parecer salió fortalecido.
Más de 80 andanadas de misiles de diverso alcance y potencia, y centenares de drones, alcanzaron y dañaron las bases militares de EE. UU. en la región, causando bajas mortales y decenas de heridos a sus efectivos. En Israel, son cuantiosos los daños a posiciones militares, económicas y centros urbanos.
Irán ha destruido el mito de invulnerabilidad del ejército y la fuerza naval más poderosa del planeta. Despierta cada día el fantasma de Vietnam, de dónde salieron derrotados.
Sin embargo, Trump y su equipo de estrategas de visión supremacista, inspirados en el revanchista lema «hagamos grande otra vez» a unos Estados Unidos en franco retroceso, intentan salvar la cara con un despliegue de tropas estadounidenses al esfuerzo bélico contra Irán.
Consultada sobre ese despliegue, la portavoz de la Casa Blanca, Anna Kelly, remitió la pregunta al Pentágono, pero señaló que «el presidente Trump siempre tiene a su disposición todas las opciones militares».
Por otro lado, Irán recibió una propuesta de 15 puntos de EE. UU. para lograr un alto el fuego, informó la agencia AP, la que abarca el levantamiento de las sanciones, la cooperación nuclear civil, la reducción del programa nuclear iraní, la supervisión por parte del Organismo Internacional de Energía Atómica, la limitación de misiles y el acceso de la navegación a través del estrecho de Ormuz, base negociadora más o menos similar a la que estaba sobre la mesa, cuando la Casa Blanca se combinó con su socio Netanyahu para el ataque «preventivo» del 28 de febrero.
La afirmación de Trump de que están dialogando con Irán, provocó entusiasmo en los mercados —debido al estallido de precios y la escasez de combustible a nivel global— y mucho escepticismo, por su conocida facilidad para mentir.
Los miembros del Comité de Servicios Armados del Senado tienen previsto este miércoles una sesión informativa clasificada de funcionarios del Pentágono, donde se espera discutir el posible despliegue de marines en el Golfo.
En sus declaraciones sobre un diálogo con Irán, Trump dijo: «Tenemos a varias personas haciéndolo. Y la otra parte, les puedo asegurar, que querría llegar a un acuerdo». Mientras la oficina del ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, informó de conversaciones con varios homólogos.
Sin embargo, Mohammad Bagher Qalibaf, presidente del Parlamento iraní, negó la afirmación de Trump sobre las conversaciones directas, y un portavoz militar iraní emitió una nueva declaración en la que prometió luchar «hasta la victoria completa».
El almirante Ali Akbar Ahmadian, representante del Líder Supremo y de la República Islámica ante el Consejo de Defensa, declaró «Durante años hemos esperado la entrada de los estadounidenses en las zonas designadas», subrayando que la preparación ha sido constante y prolongada. El mensaje dirigido a los soldados estadounidenses fue contundente: «Acérquense más».