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Clasificados y mentiras

En Cuba, en los años 80, se hizo muy popular una revista llamada Opina que, además de entregar trofeos en forma de girasoles a las figuras más destacadas en el arte y la cultura según elegía el pueblo en previa votación cada año, publicaba una inmensa lista de permutas y clasificados que resolvieron la vida de muchos cubanos. 

Autor:

JAPE

MI amigo Floro me ha escrito un poco sorprendido porque ha leído en las redes un clasificado que lo ha dejado pensativo y preocupado.

Primero, quiero aclarar que los clasificados no son un medio de comunicación novedoso ni algo que no existiera antes. Según narra la historia, días después de salir a la palestra pública Ralation —el primer papel periódico impreso del mundo editado por Johann Carolus en 1605—, ya en sus páginas aparecían algunos clasificados de permuta y ventas en Europa.

En Cuba, en los años 80, se hizo muy popular una revista llamada Opina que, además de entregar trofeos en forma de girasoles a las figuras más destacadas en el arte y la cultura según elegía el pueblo en previa votación cada año, publicaba una inmensa lista de permutas y clasificados que resolvieron la vida de muchos cubanos. 

La mencionada acción popular se ha perdido completamente, me refiero a entregar girasoles, y a pesar de la desaparición de la revista, aún la fórmula de los clasificados siguió latente. 

Con el establecimiento de las redes de internet se incrementan los clasificados y notas de ventas y otras acciones que simplemente son un modo de comunicación e intercambio social, aunque algunos no lo reconozcan porque llevan implícitos la promoción y el mercado… de cualquier color.

Luego de esta aclaración, les muestro el clasificado que ha puesto en vilo a nuestro querido amigo Floro:

Rento, alquilo, contrato a persona de cualquier sexo, mayor de 18 años, para que me restriegue la espalda. Vivo solo y soy extremadamente pacífico y discreto. Desde hace varios días he contraído una arbovirosis que me ha dejado casi inmóvil y aunque a duras penas, al bañarme, puedo restregar casi todo mi cuerpo se me hace imposible hacer lo mismo con la espalda. Temo que el churre y la falta de higiene de esa parte de mi cuerpo y sus alrededores me pueda traer males mayores. Escucho propuestas en cuanto a horario y salario.

Realmente es muy sui géneris este clasificado, pero en gran medida comprensible. Lo realmente incomprensible es lo que está sucediendo con el comercio y el pago por transferencia, algo que, según los «especialistas», nos haría más viable el intercambio comercial entre cubanos luego de implantado el reordenamiento monetario. 

Floro nos da fe del nivel de falacia que ha alcanzado esta operación, al punto de que los vendedores se basan en «piadosas» mentiras para esquivar el pago digital por cualquiera de las aplicaciones concertadas en nuestros teléfonos móviles. 

Mi estimado carnal nos manda algunos ejemplos de las respuestas emitidas por parte de los vendedores ante la propuesta de pago por transferencia:

—¿Transferencia? No, mijito, si el teléfono mío tiene chikungunya.

—Mi amor, ¿cómo me vas a pagar «En línea» si estamos en Paseo?

—¿En Zona? Mi hermano, la Gente de Zona, hace rato que se fueron.

—Qué pena, ya no me cabe un peso más en el teléfono… ¡Mira lo gordo que está!

—Ubícate, eso del pago por transfermóvil es una patraña del enemigo.

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