Marliuvys de la Caridad Villamonte López, de 25 años de edad, se crece ante lo que se asemeja a una montaña de imposibles, y desde la investigación científica busca soluciones a las problemáticas de su entidad. Autor: Del Autor Publicado: 22/04/2026 | 05:44 pm
NUEVITAS. Camagüey.— Hablamos de una muchacha todo terreno, de una nuevitera que, tal como indica su nombre, «Mar—liuvys», le corre el «salitre por sus venas». Para hacer honor a su inteligencia y liderazgo les confirmo que, aunque se graduó hace solo unos días de ingeniera industrial, en la Universidad agramontina Ignacio Agramonte y Loynaz, en la modalidad de curso por encuentro, asume la jefatura de la Base de Depósito Terminal Marítima, perteneciente a la División Territorial Comercializadora de Combustibles, de Cupet Camagüey.
En cortas y precisas palabras Marliuvys de la Caridad Villamonte López, de 25 años de edad, la conocen «hasta los gatos», como versa un refrán de antaño, en su entrañable tierra de pescadores. «Aquí nací y aquí soy feliz», dijo a JR, a través de la pantalla de su móvil.
Marliuvys, quien también se prueba como profesora en la sede universitaria de su localidad, sorprende por su talento. Graduada como una de las estudiantes más integrales de su curso desarrolló a fuerza de empeños, voluntad y compromiso una investigación científica, en la institución que actualmente dirige, la cual no solo le permitió realizar una exitosa defensa de su trabajo de diploma, sino hacer una propuesta concreta y objetiva que impacta, directamente, en la producción y estabilidad económica de su entidad.
La joven directora, enfatizó que, «mientras preparaba su tesis, a la que le dedicaba gran parte de su tiempo, tuvo que asumir la jefatura de la Base, lo cual fue un reto, porque el tiempo era el mismo para ambas responsabilidades. Todo ello requirió de mucho esfuerzo y de dar el extra como estudiante y como trabajadora», comentó.
Su estudio la ubica como una emergente investigadora, y es expresión concreta de la importancia de asumir a la universidad cubana como un laboratorio catalizador de soluciones a las problemáticas socioeconómicas que la circundan.
La joven ingeniera, que precisamente tiene entre sus proyectos de vida y profesionales continuar superándose, no detuvo su investigación en su norteño poblado, a pesar de la compleja situación que experimenta el país.
«El ejercicio profesional se centró en el estudio del sistema de techo de los tanques de almacenamiento de gasolina en nuestra Base Terminal Marítima, el cual persigue implementar sistemas similares, los flotantes internos o externos, o el domo—geodésico, pero que permitan disminuir las pérdidas de combustibles».
Marliuvys explica que la investigación también optimiza el proceso de almacenamiento en la Base, «porque disminuyen no solo las pérdidas por evaporación del combustible almacenado, sino, de igual forma, el mantenimiento de todo el sistema de techado».
«Existen diferentes tipos de tanques de almacenamiento de combustibles, y nuestra Base cuenta con tanques verticales de techo fijo, en los que la gasolina, por sus características físico—químicas, se evapora durante su almacenamiento. Para evitar esas fugas se requieren tanques de techo flotante o demo—geodésico, que las reducen», explicó.
Pero el cómo implementar esos cambios en los diseños de los tanques de gasolina en los depósitos de la terminal marítima del municipio, cómo hacerlo y llevarlo a feliz término, son esencias fundamentales de su investigación.
Y mientras esta «Mariana—Nuevitera» se crece ante lo que se asemeja a una montaña de imposibles, el olor a salitre, cómplice de sus madrugadas de empeños, insomnios y sacrificios, la inspira, la motiva y la desafía para burlar y aplastar un bloqueo estadounidense cruel, desde la certeza y consagración científica—profesional.
Esos principios le han permitido proponer alternativas muy cubanas, criollas, que engrandecen no solo a Marliuvys de la Caridad, sino a la mujer cubana toda.
